Planeta de pastas

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Una pizca de sal

Rafael Sanmartín

Lola Flores quiso descansar para siempre en Sevilla. El mejor Jardín para descansar. ¿Quién más? No. No hablamos de muerte, a la que se respeta porque se ama la vida. Entre flores y monumentos está la quietud. En la ciudad-espacio acogedor que hunde y levanta empresas están el espíritu de lo positivo y del abandono. Dejada de la mano de gobernantes y ayuntamientos más propicios a otras cosas que a mejorar la ciudad puesta en sus manos, conserva un poder que sólo han sabido ver personas excepcionales, como Lola, Lorca, Alfonso X, Ybarra, Pumar, Murillo, Cervantes, Lope y un buen puñado más, dónde destacan José Manuel Lara Hernández, Fernando y José Manuel Lara Bosch. Ellos habían decidido que la Editorial fruto de la imaginación y el esfuerzo de un andaluz, elevada a primer plano por la imaginación y el esfuerzo de varios andaluces que la introdujeron en hogares, bibliotecas y centros de enseñanza, sólo saldría de Barcelona para instalarse en Sevilla. Así lo hizo saber el fundador al correspondiente Ministro de Cultura, cuando éste le pidió que la trasladara a Madrid. La obsesión madrileñista, el “todo para Madrid, para España nada”, quedó cortado por la decisión terminante del creador del mayor grupo de comunicación.

Así lo dejó claro, también su sucesor, José Manuel Lara Bosch. Si tenía que salir de Cataluña sólo sería para instalarse en Sevilla. Pero Sevilla está en Andalucía, ese territorio situado al sur (de la península), separado de la metrópolis por Sierra Morena, lugar dónde han florecido el arte, la cultura, la ciencia, la industria, sustraído (“susllevado”) por los gobiernos de España “que cualquier día podrían reclamarnos si llegan a enterarse”. Además: “si le quitamos a Cataluña las sedes centrales de sus empresas, para que queden obligadas a pagar en Madrid sus impuestos, no las vamos a mandar a Andalucía, para tener que quitárselas, también, no sabemos cuándo… en cualquier momento”. Quedarse en Cártama se proponía el grupo de alimentación Prolongo, cuya fábrica amamanta hace muchos años los impuestos de su sede, hasta ayer en Barcelona. Pero al final, se quedaron en la capital del reino y las que vinieron a Andalucía, no vinieron, ya estaban. Sanartur ya tenía en la Costa del Sol su principal fuente de riqueza, igual que San Miguel. Pastas Gallo no tendría que haber salido nunca de El Carpio. Otras, también con su principal fuente de ingresos en Andalucía, como la Caixa, han preferido mantenerse cerquita de Cataluña. No les hace falta traer aquí su sede, si pese a todo, los andaluces les confían sus ahorros.

No es por ná. En Andalucía no hay “veleidades” independentistas, dicen los “humanistas“ de A.I. Pero, “por si acaso”…, “no vaya a ser que”… habrá que prepararse. Las independencias crean estados más pequeños, pero no más pobres. No son más pobres Croacia ni Eslovenia, sino más felices desde que no son yugoslavas. En todo caso quedarán más pobres las metrópolis centralistas, como le ha ocurrido a Serbia. Y eso, sinceramente, es para temerle. Pero sólo pierden lo que han despojado, lo que han saqueado. Para quien ha expoliado tanto, tener que reconocer el expolio, tener que reconocer la naturaleza andaluza de su cultura; que los museos de Madrid viven, en su mayor parte, del Arte quitado a Andalucía, que aprendieron nuestra lengua y, para ocultarlo, inventaron esa burla burda a la verdad del “los andaluces hablan mal”; que nos dejaron sin industria (Siderurgia en Marbella y El Pedroso, automóviles en Málaga, aeronáutica sevillana trasladada a Madrid; textil, azucarera, cultivos cruciales para una economía y un larguísimo, interminable etcétera) y para disimular nos llamaron vagos. Y nos lo siguen llamando. Es que tener que reconocer la historia real de Andalucía y como, merced a una conquista guerrera, nos fueron despojando la tierra y el agua (como se decía en la antigüedad, para definir la base de la vida); todo eso debe ser duro. Casi tan duro como la naturaleza facial de autoridades, escuela, medios y profesionales de la comunicación, que todavía hoy, ante el innegable aprendizaje de nuestra forma de hablar, pretenden justificarse negando la realidad y, después de siglos acusándonos de hablar mal, ahora –será que no pueden ó no saben reconocer de dónde aprenden- aseguran, sin avergonzarse, que el norte “copia” al centro mesetario la pérdida de la “d” intervocal. No es para reír; mejor no recurrir a chistes sobre excremento líquido.

Se ha demonizado, minimizado, o simplemente ignorado, según los casos, a cuantos han pensado en Andalucía; todos han sido negados por la incompetente “autoridad competente”. Picasso debía ir a Madrid, porque era “un pintor español”. Por lo mismo un periódico de Jolly asegura que los leones de las Cortes “son patrimonio de España, por estar en Madrid”. (Lo que supone reconocer que sólo Madrid es España). De Cervantes se niega su indudable procedencia alcalareña: de Alcalá la Real. A Bécquer se le tuvo como un poeta “buenecito”. Murillo fue “un buen” pintor, pero claro, no tanto como… Averroes, Séneca, Maimónides, Trajano, Adriano, Avenzoar, Columela… esos eran “romanos” o, peor aún, “moros”. A Benjumea, Pumar, Carbonell, Rodriguez Acosta, Heredia, Taillefer, Loring, de laGándara y otros muchos les “aguaron” sus iniciativas. ¿Eso es todo lo que podemos/debemos esperar? ¿Por eso debemos “adorar” la patria española y renegar de la nuestra?

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