Globalización

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Una pizca de sal

Rafael Sanmartín

El uso inadecuado de expresiones lleva a consecuencias desastrosas; la desnaturalización de una palabra, una vez lanzada, se abre en una espiral tan difícil de defender como detener.

Con todo, el rizo es rizado con abuso de la filosofía y sin permiso del filósofo. Porque si Mac Luhan hubiera imaginado siquiera el uso que se está haciendo de sus palabras, seguramente habría guardado sus ideas sobre la “aldea global”. Que considerar y promover el acercamiento entre culturas, o aprovechar la facilidad de comunicaciones, es una cosa. Lo que se conoce como “globalización” es todo lo contrario. Son conceptos tan opuestos como el que movía al Movimiento Paneuropa cuando sugirió la unidad del continente, y la estructura de la actual U.E., únicamente centrada en los movimientos de capital.

La afamada “globalización”, aplaudida por presuntos y presuntuosos voceros de un supuesto “internacionalismo”, se ha quedado en facilidad de movimiento para los grandes capitales; en deslocalización de industria mediana y pequeña y en pérdidas económicas para regiones menos favorecidas. Una “globalización” consecuente habría empezado por igualar salarios y condiciones de vida y de trabajo; pero lo rentable es lo contrario, para que las grandes corporaciones puedan recorrer mundo en busca de salarios más bajos y horarios más prolongados. Los ejemplos, por desgracia, son interminables: Astilleros, Bancos de Granada, Sevilla, Huelva, Fernán Núñez, Jerez; Cobreros, Dumaya, Almacenes Arcos, Astilleros, Gillette, Hipersol, ISA, Lubre, Sespi, Santana, Sevillana, Delphi… la lista continúa.

La respetada y bien vista “globalización” ha globalizado la moneda, y ha diferenciado notablemente el poder adquisitivo de sus usuarios. La rapacidad de la globalización ha hecho necesario el nacionalismo. Y, sin embargo, en vez de despertar el de las nacionalidades deprimidas, crece el de las comunidades más ricas. Así, con una mano se defiende la globalización para llenar las arcas y con la otra el domicilio central de la empresa, para mantenerlas llenas.

El nacionalismo consecuente, la defensa de los intereses reales de las personas y de los pueblos, la defensa de los débiles, la recuperación de sus valores sociales, económicos, culturales, debería darse con más fuerza en la ribera histórica del Mediterráneo. Tal vez por eso se le opone la razón de la fuerza del centralismo económico, egoísta y depredador, brillantemente ayudado por los falsos profetas, quienes suplantan todo espíritu reivindicativo, para enterrarlo.

Y, con la fuerza que da la pasión por lo nuevo, el maquillaje de las palabras, tan económico como rentable, permite a la banca de inversión, las grandes corporaciones económicas, la bolsa, adoptar un nuevo nombre, nueva piel de cordero, con que suavizar y dulcificar su crudeza. De buenas a primeras los mercados no son de abasto: tras un breve paréntesis bajo el apellido de “financieros” que ni siquiera ha dado tiempo a digerir la palabra, pasan a ocupar el espacio nominal del abastecimiento, pese a la descomunal diferencia. De buenas a primeras, los especuladores de la bolsa, JP Morgan Chase, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Lehman Brothers, incluso con su –aparente- ruina y otros no menos vivos, han pasado a ser “los mercados”. Otro tipo de mercado, estos dominan el mundo, quitan y ponen gobiernos; deciden cuando comeremos los demás. Y lo achacan a una crisis creada para poder achacarlo a la crisis.

Ocurre en el Sur de Europa. Y en el norte, el centro y el sur de África. Y en Iberoamérica (llamada Latinoamérica por los “moelnos”). Y ocurre aquí, en Andalucía. Ocurre con regidores que dan a grandes empresas foráneas todas las facilidades que niegan a las propias. Que venden la “bondad” de trescientos puestos de trabajo mal pagados y ocultan la verdad de los novecientos destruidos a cambio.

¿Por qué prefiere el regidor un hipermercado antes que el comercio tradicional obligado a cerrar por la agresiva competencia, casi siempre desleal (y muchas veces sin casi), del primero?

¿Lo sabremos algún día?

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