Bona Diada

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Una pizca de sal

Rafael Sanmartín

“Más vale caer en gracia que ser graciosos” -según el refrán que no se refiere a los “grasiosos”- pues, con la poca gracia que tiene, lo del “golpe de Estado” ha caído en gracia. Esta guerra goebbeliana va a terminar mal. Muy mal, para quien la ha goebbelizado. Un golpe de Estado es una acción violenta –aunque no sea necesariamente cruenta- contra un Gobierno; que el Gobierno no es el Estado. Y un empecinamiento sólo puede radicalizar a la otra parte. En ese sentido, Rajoy lo está haciendo muy bien; su plena ausencia de tacto, su desconocimiento absoluto de la palabra democracia, su compromiso con una idea obsoleta e imperialista de lo que es una Nación, está estrechando el camino por él mismo cerrado en que lo ha metido su egocentrismo.

Una cosa es votar: votar es elegir una opción. Otra cosa es el resultado. Solamente vence quien obtiene mayoría. Y esto, que es relativo en una elección, es axiomático en un referéndum. El agente del rajoinismo en Cataluña asegura “el gobierno defiende a los catalanes que no quieren la independencia, No queremos que se nos obligue” A ver: y a quienes la quieren ¿quién los defiende? Un referéndum no obliga, obliga el resultado. (Los demás no queremos que se nos hagan tragar carros y carretas, y ahí está la ley mordaza, impuesta). Y mientras. Sáenz de Santamaría afirma “los catalanes no quieren la independencia”. Pero entonces, convocar el referéndum es terminar con el problema. Pobrecitos; no se han dado ni cuenta. La ceguera de la soberbia les ha impedido ver que, según sus propias conclusiones, serían los más beneficiados con la celebración del referéndum. Si no… ¿qué temen? Porque los catalanes, perdido el miedo, no pueden temer a un Presidente que cambia autoridad por autoritarismo.

Las barbaridades salidas de la garganta de Albiol, no son las mayores. “No tienen derecho a poner en marcha un proceso, con el 48’7%”, dice Escolar. Vale, lumbreras. Y ¿Rajoy tiene derecho a decidir por todos, con un 32%? En esta guerra goebbeliana, confundir es la norma. Hablan de “espectáculo” quienes dan los mejores. Para espectáculo el de los pseudo-periodistas peperos, al impedir hablar a los demás en los debates. Llaman “atropellada, chapucera e ilegal” la Ley de transición, quienes envían a la Guardia Civil a secuestrar papeletas y urnas. Timor Oriental se independizó tras un referéndum sin alcanzar mayoría absoluta. Y quizá, lo que más contribuyó a ratificar su independencia, fue la actitud del ejército indonesio. No es fácil que Rajoy meta sus tanques en Cataluña, se le volvería en contra. Además, le basta “su” T.C., sólo ágil cuando él se lo pide. Pero ya, en concordancia con su sentimiento franquista, ha conseguido llegar a dar el escandaloso espectáculo de ver a la Guardia Civil requisar urnas y papeletas. “En nombre de la democracia”. ¿En nombre de qué democracia se pueden perseguir los elementos más esenciales de la democracia? Con cuanta ligereza hablan de “malversación”, por imprimir papeletas y comprar urnas, imprescindibles para ejercitar el derecho a decidir, ya sea en un sentido o en otro, no se olvide. Y utilizan ese adjetivo, cuanto el propio Presidente del Tribunal Constitucional, Martín Pallín, miembro del Partido Popular, ha rechazado el recurso permanente a la Justicia, practicado por su partido.

El Sr. García Margallo, de los más centrados en la discusión, capaz de mandar al Diputado de la oposición al psiquiatra, desconocedor de la historia elemental, cuando afirma “España, el Estado más antiguo de Europa”, llega con la solución, como un pan bajo el brazo: más financiación para Cataluña. Reforzar los estatutos de Cataluña, Euskadi y Galicia (siempre volvemos al tres, número mágico del españolismo repartidor de prebendas). Más poder para las tres comunidades “elegidas”. Y se permite llamarlo “sistema que garantice la igualdad”. Así que “igualdad” es callar a unos a costa de sisar a otros. Confiemos que Cataluña no se deje comprar. Ya ni goebbelismo: esto es destruir el idioma; pero Rajoy lo supera: quiere –dice- “defender los derechos que ustedes están liquidando”. Pobre hombre, viciado en la defensa de “derechos” de bancos, eléctricas, grandes constructoras-inmobiliarias y otros potentados, más, si son alemanes o americanos, se le olvida qué define cada palabra.

Acusar a los catalanistas de insultar y amenazar, es dramáticamente cómico, dicho por quienes continuamente insultan y amenazan. A estas alturas, salir con la opción del diálogo, por quienes lo vienen negando desde el primer momento, por quienes recogieron firmas para oponerse al referéndum, es una burda lamentable burla. Si realmente es un problema político que se debe resolver con el diálogo, que se debe “negociar serenamente”, ¿por qué siguen negándose al diálogo, a la negociación?

Votar no puede ser ilegal. Ilegal será prohibirlo. La legalidad no puede estar basada en la improvisación del T.C., Tribunal al que se han traspasado funciones sancionadoras que corresponden al Supremo.

Con todo, tienen razón en una cosa: los funcionarios no tienen nada que temer. Por fin, el Presidente dice algo sensato. Efectivamente: los funcionarios no tienen por qué obedecer órdenes que repugnen a su conciencia. La “obediencia debida” no existe, como quedó ratificado en Nüremberg y en Munich. Nadie tiene que temer nada: ni los funcionarios, ni los votantes, tanto del sí, como del no. No hay papel para tantas multas. No hay cárcel para tanta gente. Y a los diputados y a los miembros de la Mesa no los pueden detener: tienen inmunidad parlamentaria. También eso se le había olvidado a Rajoy y a “su” T.C. ¡Qué olvido más tonto!

Rajoy, el PP, el Gobierno, ha optado por la autocracia, por la imposición, por la sordera. Desde hoy, todo, todo, todo, será su exclusiva responsabilidad.

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