Acosos y banderas

RPNews

Una pizca de sal

Rafael Sanmartín

Las banderas merecen respeto por lo que representan. Todas. Pero quienes hacen patrioterismo, se envuelven en ellas buscando protección, como en un bunker, no lo merecen. Cometen una grave falta de respeto a la insignia y a las personas representadas en sus colores, empezando por los pseudo-analistas televisivos, en busca de justificación a los atropellos de sus admirados políticos. Zapatero inventó lo de “quien habla de crisis, no es patriota”; estos van a la zaga con el equívoco principio estrenado por el banquero en “La Diligencia”, de John Ford, de que “lo que es bueno para los bancos (y para las constructoras y para las eléctricas) es bueno para el pueblo”. Rajoy se asigna una medalla al convertir su desmemoria crónica en silencio jurídico y parlamentario. Sigue afanando respuestas en sus cincuenta y tres comparecencias. Aferrado a la actualidad, aplica titulares con su “hay cosas más importantes”. Sospechosa obsesión el orillar y acabar con la exigencia de responsabilidades al Partido y su Presidente, en la comprobada y en parte condenada corrupción.

“Mi obligación es gobernar” dice escudado en su sillón debido a quienes hoy piden su dimisión, como si toda la demagogia desarrollada, pudiera tapar las cuentas “B” ó la pérdida de ordenadores, entre otras. Si de verdad lo piensa, haría bien en aplicárselo y gobernar, en vez de hacer lo que hace. Ocultar Gürtel, la caja “B”, indultar la corrupción, etc., no es gobernar, sólo es beneficiar a la corrupción y a los corruptos. Luchar contra la corrupción requiere independencia judicial, que el Congreso y no el Gobierno, nombre todos los estamentos jurídicos. Es no utilizar a las instituciones para proteger a los corruptos, y sí a los denunciantes de corrupción, en vez de castigarlos apartándolos de sus puestos; es suprimir los aforamientos; es limitar los mandatos. Es referirse a la política española, su política, y no cubrirla con el manto de Venezuela. Es no acusar a quienes han visto sobreseídos sus casos, para ignorar los propios. Nadie creerá en un Presidente, el menos informado del reino, incapaz de resolver, porque no considera los problemas, no los tiene en cuenta. Y no los reconoce por su indiferencia al bienestar de la población.

Ni ochocientos mil militantes, ni miles de concejales, ni la desmemoria endémica del Presidente que “no sabe ná”, ni la demagogia de declararse “acosados” por la reclamación de responsabilidades, propia y lógica de una democracia, podrán justificar jamás tal nivel. Los diputados no están en el Congreso “para forrarse”, ni para auto-beneficiarse con leyes anti constitucionales, como la Ley Mordaza, con que impedir oposición y ocultar la represión ejercida contra quien se opone; están para obligar al gobierno a cumplir su misión, que no es otra que gobernar en interés de la mayoría.

La demagogia de sacar el terrorismo y el independentismo, o el “comodín” venezolano, para ignorar el debate, es poco hábil maniobra, que hasta el más tonto ha descubierto. Es cierto que las mociones de confianza se ganan o se pierden en el Parlamento. Relativamente. Porque se ganan o se pierden por pactos a cambio de prebendas. Mejor que envolverse en la bandera sería gestionar. Asumir su responsabilidad.

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