Qué me ciega

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Una pizca de sal

Rafael Sanmartín

Pues, sí. Algo me ciega.

Aspirantes a gobernadores (y gobernadoras) franquistas, dicen que “algo me ciega” en el conflicto planteado por el Gobierno de Mariano Rajoy, con la ayuda de PSOE y Ciutadans, al intento independentista catalán, por ahora frustrado gracias al procedimiento anti democrático del uso de la fuerza.

Desde luego que sí. Algo me ciega. Me ciega ver que son quienes mantienen mi tierra en la pobreza, quienes lanzan a los andaluces contra Cataluña, cegándolos para que no vean toda su sucia labor en contra de Andalucía y de esos mismos andaluces. Me ciega ver que pueda haber gente tan ciega para no darse cuenta de la maniobra, y sigan y obedezcan –ciegos- la exasperada demagogia del trío político, primer “Frente Nacional” sin firma ni programa, en busca de convertir una Comunidad en ensayo de su proyecto totalitario. Me ciega el fogonazo cañonero de usar a mi gente de munición contra Cataluña, de fomentar la antipatía que, junto a tal vez un poco de razón, tiene muchísima sinrazón. Porque están acusando al pueblo catalán de haber laborado contra Andalucía, justo lo que han maquinado los gobiernos españoles.

Porque el desierto industrial que es hoy Andalucía, no ha sido obra de quienes han trabajado para sí mismos, ni ellos nos dejaron sin industria para obligar a emigrar a nuestra gente. Precisamente vino de un Presidente de Andalucía –Manuel Chaves González- la recomendación de aprender catalán “para encontrar trabajo”. Los catalanes, en cambio, fueron “tan mala gente”, que los andaluces en su inmensa mayoría se instalaron y se catalanizaron y se dedicaron a defender los intereses de su nueva Patria. Si eso tuviera algo de negatividad, que no la tiene, no serían culpables quienes pusieron los medios para que dos millones de andaluces encontraran allí el trabajo que aquí les negaba la política centralista. Responsables sólo son, y sólo pueden ser quienes no trataron a Andalucía, siquiera al mismo nivel al que trataron a otras comunidades. Si Cataluña recibió mejor trato que Andalucía, quizá fue porque las autoridades catalanas fueron capaces de reclamar para su tierra lo que las andaluzas no tuvieron capacidad para exigir. Y porque el Gobierno central y centralista de la monarquía, de la República, de Franco y de la supuesta democracia del régimen del 78, se preocuparon más de las reclamaciones de allí que de los posibles desórdenes de aquí, resueltos como siempre, echando al monte a la Guardia Civil y mandando a la cárcel a los jornaleros que pudieran tener la “osadía” de exigir lo mínimo para comer y vivir dignamente.

Recuérdese que fue un Gobierno español, regido por UCD, el que convenció a Ford para que no se instalara en Andalucía. Y otro Gobierno español, regido por dos andaluces, Felipe González y Alfonso Guerra, del partido llamado “Socialista” y “Obrero”, el que impidió a GM instalar aquí su factoría OPEL, como llevaban pidiendo más de diez años. Un Gobierno del PP, el de Aznar, nos quitó Sevillana de Electricidad, con lo que nuestros impuestos fueron a ingresarse en Barcelona (ya no, ahora han vuelto a Madrid), e impidió el nacimiento de NUINSA, porque era “mucho atrevimiento” intentar industrializar Andalucía. Y un Gobierno del PSOE, el de Zapatero, nos quitó el algodón y liquidó la industria textil, que sus antecesores habían empezado a desmantelar. Y sus sucesores, del PP, con el inefable Rajoy al frente, terminaron con la industria azucarera y casi con la lechera, y con el cultivo de la remolacha.

Podría profundizarse en la relación. Entre el siglo XVIII y el XXI, los distintos gobiernos españoles se han cuidado muy mucho de que Andalucía sea un desierto industrial. Y, desde antes, han sido muy cuidadosos en apropiarse nuestra cultura, nuestro arte, nuestra historia, porque son conscientes de que un pueblo sin pasado es un pueblo sin futuro. Y el futuro que ellos quieren para Andalucía es el de mano de obra barata y, si acaso, de reserva de materia prima, en todo cuanto a las corporaciones alemanas no les interese importar de terceros países.

Todo eso me ciega, evidentemente. Me nubla la vista, pero no la razón, que ninguna sinrazón podrá nublar nunca. Me ciega de rabia e impotencia, ver como mi tierra se desangra por “obra y gracia” de unas grandes corporaciones bancarias e industriales que dominan la política de este Estado desgraciado, que transmite la desgracia a sus conquistados. Me ciega ver como se nos empobrece para hacer más ricos a unos cuantos, y más aún, ver como los elegidos por la gente, los que se sienten legitimados por un voto mínimo, obedecen los dictados de esos dictadores de mesa de juntas, antes que las necesidades del pueblo que les hace creerse legitimados.

Los sucesivos gobiernos de la metrópoli se han preocupado expresamente de empobrecer Andalucía, al mismo tiempo que nos robaban nuestra memoria, para tenernos a sus expensas, en sus manos. En sus sucias manos. Y ahora, cuando fuerzan a mil quinientas empresas a sacar sus direcciones generales de Cataluña, para recibir directamente esos impuestos, las obliguen a instalarse en Madrid, salvo media docena, con la que poder disimular. Pero esto hasta tiene su coherencia. Son mala gente, pero no del todo idiotas. Saben que, si siguen con la represión, con la imposición, repartiendo pobreza, será Madrid lo único que les quede, cuando el independentismo que están propagando en Cataluña, se continúe extendiendo a otras comunidades, hasta que termine de prender incluso en el pueblo más españolista que pueda existir.

Cataluña, en este momento, está robando actualidad a Andalucía. No Cataluña, sino los sucesos de Cataluña, producto de la torpeza y egoísmo de un Gobierno corrupto, cobarde e inútil. Y a la “jefa” del partido que llegó a obtener el mayor número de votos de la historia, que fue esperanza para tantos millones de personas, que dirige Andalucía desde hace cuarenta años, le “preocupa tanto” Andalucía que se dedica a pregonar la necesidad de mantener la “unidad” de la patria hispana. La Presidenta de Andalucía, mucho más interesada en que Cataluña se mantenga dentro de España, que por la vida de los andaluces.

Como para no cegarse. De rabia e impotencia. Y de ira, si fuera preciso.

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